Abr 1 2008

Principios perdidos

_____La fábrica de sueños cerró por vacaciones, no avisaron con antelación y ni siquiera dejaron un cartel en la puerta que lo indicase. Todos decidieron, por la época, que sería por eso: por vacaciones, pero lo cierto es que podría haber sido, y de hecho así era, por cualquier otra razón.

La fábrica siempre había llevado a cabo los Actos de representarse en la fantasía de alguien, mientras duerme, sucesos o imágenes, acepción que recoge el diccionario, pero también otra, otra que posee en el fondo mayor relevancia para la gente, pero que no debería. Paradojas. También se encargaba de organizar y fabricar aquellas fantasías que querían las personas, aunque lo negaran, percibir despiertas.” (16-07-07)

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_____El niño debe ser protegido contra toda forma de abandono, crueldad y explotación, citaba uno de los titulares de la revista, y debajo de él cosas como “Marta Gómez ya tiene nuevo amante”, subrayado por un “No pasará sola las Navidades”, o “Encontrada la solución contra la caída del cabello”, un garimatías. La cerré. No me gustan las cosas que no tienen ni pies ni cabeza, y una revista que no sabe lo que quiere contarte, que pretende contarlo todo, acaba no diciendo nada.

Obviamente yo no la hubiera comprado, pero si pretendía trabajar en ella lo menos que debía hacer era saber algo de qué iba. La ojeé un poco, lo suficiente para afianzar mi idea de que sí no necesitara el dinero ni siquiera asistiría a la entrevista. Cómo me costó hacer aquél viaje… se me hizo eterno. [...]” (20-11-07)

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_____Soy el mendigo que sólo acepta sueños. Algunos no lo entienden, ni mi forma de vivir ni el porqué la necesidad, porque cuando alguien pide algo es porque lo necesita. Yo necesito sueños, pero no sólo yo, lo que pasa es que la gente no se detiene en eso. La gente se detiene a mirar como el segundero de su reloj avanza en un tic-tac, uno sólo, no más, porque inmediatamente les entran las prisas por el segundo perdido. ¿Perdido?” (10-02-08)

AnaB. DzSz.


Ene 21 2008

“Los muertos no necesitan aspirina”

Mi space (aquel dónde solía publicar mis “relatos”)
ha decidido jubilarse de manera anticipada,
y sin avisar con el tiempo de antelación estipulado ni
nada. Así que, y ya que lo tenía escrito, aquí queda:

- Los muertos no necesitan aspirina.
- Y tampoco tienen satisfacciones.
- Eso no lo sabes.
- ¿Y cómo sabes tú que no necesitan aspirina?
- Déjame en paz, era una metáfora.
- Era una gilipollez para darme un punto de argumento a lo que no lo tiene. Las cosas siempre cuestan, si todo fuera gratis, fácil, entonces sí merecería la pena estar muerto.
- No sabes qué le llevó a desearlo, a hacerlo. Quizá esté mejor muerto que vivo. ¿No te has parado a pensar en eso?
- Sí, y yo no he dicho que no esté mejor ahora que hace un par de días.
- Entonces, ¿por qué estamos discutiendo?
- No estamos discutiendo.
- Lo parece, me llevas la contraria y luego me das la razón.
- Es que hemos hablado de cosas diferentes, de lo mismo, pero de aspectos diferentes.
- …
- Quizá me expresé mal. El caso es que de la vida, por muy cruel que sea con nosotros, siempre podemos sacar algo bueno. Lo que pasa es que a veces se requiere de mucho esfuerzo, un esfuerzo que muchas personas o no están dispuestas a hacer o no pueden. De los últimos me puede dar pena, de los primeros no.
- Insinúas que Juan era de los primeros.
- No, no lo sé. Nunca tuve una conversación con él sobre esto.
- Ahí está el problema, ni tú ni nadie.
- Ese no es el problema. El problema, y era suyo, era que él no quiso, no ya hablarlo con nadie, sino esforzarse sobremanera para solucionar aquello que le llevó a tal estado.
- Es que hablas como si fuera facilísimo.
- No, al contrario. Y lo sé por propia experiencia… créeme. No voy a decir que yo sea más que nadie, pero hay que ser muy fuerte para dejar de lado ciertas situaciones o personas. A veces, muchas, yo diría que la mayoría, es mucho más sencillo seguir adelante que abandonar.
- Tú…
- Sí, yo.
- Yo no sabía…
- Muy poca gente lo sabía. Y, te lo digo, hay que ser muy, muy fuerte, tanto para seguir adelante como para hacer lo que hizo Juan. Son dos opciones, incluso puede que las dos únicas que lleguen a poder verse sumidos en tal estado de depresión.
- Pero, así, sin raz…
- No, no sigas. Siempre hay una razón. Siempre.
- Juan no lo merecía.
- Nadie lo merece, son pruebas.
- Ahora eres tú quien recurre a la metáfora.
- No, no es una metáfora. Es una realidad.

AnaB.DzSz
Más historias de una misma frase en ElCuentaCuentos.


Dic 17 2007

El CuentaCuentos renace :)

El CuentaCuentos

Después de dos años de vida, y justo en el primer aniversario de su mudanza a dominio propio, los miembros del equipo de El CuentaCuentos hemos actualizado la web para ponerla más acorde con las necesidades e intereses que han ido surgiendo.

Esperamos que sea de vuestro agrado. Pasad y recorrerla de principio a fin, y, si os animáis, participad. Sólo hay que tener ganas de escribir :)


Nov 5 2007

Secuelas

No acostumbro a poner aquí mis relatos, es algo que decidí cuando abrí este nuevo lugar, quería que fuese un lugar “distinto” (aún ando definiendo incluso para mi misma ese término en relación a este lugar), pero hoy he tenido tentaciones de hacerlo. Aún así algo, no sé muy bien el qué, me sigue tirando hacia atrás. El caso es que quiero anunciar también por aquí que otro conjunto de letras han brotado de mis dedos.

Les dejo el link de “Secuelas” de “Lo llevaba en la sangre”, y él de la citada, para quien no lo leyese en su día y tenga un rato, o ganas:

Secuelas
Lo llevaba en la sangre

AnaB.Dz.Sz.


Sep 24 2007

Amanecer

“Me acosté desnuda, y desperté con la única caricia del roce de las sábanas. Uno de los peores despertares. Despertar con la piel −aún a esas horas en las que el sol la dibuja, después de colarse por los huecos de la persiana.− virgen de sensaciones, y por eso mismo capaz de percibir cada fibra del algodón enredarse con la de al lado, y pretendiendo enredarse con ella.

Coger la sábana, blanca, y arroparme tratando de buscar en ella un abrazo que me es concedido, pero escaso. Siempre escaso. Y aún así sentir como el vello se eriza recordando, deseando cambiar ese abrazo por otro ya dado o que esté por recibir, o por, quizá, algo más simple: por el momento, por la sensación, dando igual de dónde proceda (aunque sea mentira).

Es una sensación parecida a la de percibir la belleza, puede que incluso lo sea. Y no una belleza cualquiera. La belleza de una bolsa de plástico danzando con el aire −haciéndose el amor, como en aquella película*−, del dibujo que forman las arrugas del tiempo en la piel o los muñequitos que todos hemos encontrado en el gotelé de alguna habitación, el recuerdo de ese niño inspeccionando la pared.

*“A veces hay tantísima belleza en el mundo que siento que no lo aguanto, y mi corazón se está derrumbando”. (American Beauty).

Es esa misma belleza la que se encuentra, ni muchos ni pocos días, entre mis sábanas. Ese tipo de belleza que se suele apreciar solamente cuando uno se encuentra solo, observando, pero que se desea compartir con alguien. De igual modo: sin palabras, pero sabiendo sin tener que decir nada que se siente de la misma manera (bajo la comodidad de un silencio que no se puede encontrar con todo el mundo) el roce de las sábanas.”

AnaB.DzSz.


Ago 14 2007

Escribir es respirar

Quizá no lo entiendan quienes nunca hayan escrito, no de tal manera, pero escribir también es respirar (como dice Brian) para mí. Y a veces una se siente asfixiar.

Escribir no es rellenar un folio con palabras contando una historia, es sacar esa historia de dentro de uno mismo y sentir como brotan las palabras de los dedos casi sin darte cuenta, y cada vez… mejor. Percibir ese desarrollo, no sólo de la manera, sino también del contenido. O debería decir del vacío, del vacío de sacar de uno lo que lo llena para hacernos más llenos aún si cabe. Otra paradoja de las innumerables de los tiempos que corren, pero esta también de los pasados.

No escribir es sentir como esas palabras se agolpan en la yema de los dedos, las presionan y entorpecen los gestos y los pensamientos. No escribir, después de haberlo hecho, es frenar un desarrollo, es dar dos pasos hacia atrás tras haber dado unos cuantos para adelante. No escribir me atonta, como cuando falta el aire, y una vez atontada… me cuesta salir del atontamiento.

Quiero respirar; respiremos.

AnaB.DzSz.


Jun 6 2007

Tras el traqueteo del tren

(O una paranoia más)

Aquel niño lloraba, berreaba, porque no quería entrar al vagón, primero, después porque quería salir. Pero no le sirvió de nada, yo creo que por eso dejamos de llorar para quejarnos por algo, antes o después, porque no sirve de mucho.

Le hicieron entrar en un agujero abierto en medio de la calle, descender por unas escaleras que se movían solas, y otras escaleras, y otras –a saber cuántas– adentrándose hacia… ¿el centro de la tierra? Y el niño lloraba, pero daba igual. Lloraba interrumpiendo los pensamientos del resto de los viajeros, las palabras descubiertas en sus libros o el periódico, la música o el simple ensimismamiento de muchos gracias al traqueteo del tren.

El pitido del cierre de puertas anunció que no había salida, no para él, ni para quienes tuvimos que aguantar su llanto, que no cesaba. Que se volvió, si cabe, más angustioso cuando el tren arrancó y se adentró en el túnel. Ese lugar indefinido en el que uno no sabe dónde está, pero tiene la certeza de que le conducirá al lugar al que quiere ir.

Él quería abrir las puertas, pero haberlo conseguido tampoco hubiera tenido mucho sentido. Fuera del tren, en ese momento, en ese preciso momento, no hay nada. Ni siquiera unas luces de localización, todo lo que se ve es el interior, que a su vez es el exterior. El interior del vagón, el exterior del mundo, de ese lugar dónde los trenes no se mueven pero, con un poco de suerte, el resto de cosas si lo hace.

Ese niño llegó a su parada de destino, que resultó ser la misma que la mía, con lo que pude descubrir que aún saliendo… no dejó de llorar. Aunque tampoco le sirvió de mucho. Al final acabará acostumbrándose a aquello que le resulta extraño, como hacemos todos, a aquello de lo cual da igual que nos quejemos o no, porque es así. Porque lo hemos hecho así. Y pasará momentos, muchos momentos de su vida en otros no lugares que no le servirán prácticamente de nada, sólo de paso, pero por los que, quizá, un día llegará a tener hasta nostalgia. Por los encuentros, por las citas, por los cruces de miradas, por los roces… o, simplemente, por la rutina.

AnaB.DzSz.


May 26 2007

Subiendo el tono

“− ¿Sabes que hiciste?

− No.

− Te sentaste sobre mí, entre la tripa y el pecho, con tu falda de raso. Yo tardé poco en subirla deslizando mis manos por tus muslos, para descubrir que… nada más te cubría. Y cuando te supiste descubierta, me miraste y comenzaste a mover despacio tus caderas…

− Pero…

− Chsssss, lo sé. Deja que siga. Puse la palma de mi mano sobre venus, sobre ti, y tan solo con el pulgar fui describiendo caminos. Caminos que pronto se inundaron. Entreabriste la boca y besaste, y de que manera, el índice de mi mano libre. Me vuelves loco, lo sabes, ¿verdad?

− Ni siquiera nada de lo que dices es cierto, es fruto de tu imaginación.

− Imaginación que tú disparas. No me vengas ahora con esas. No bajes la vista, mírame. ¿Sabes qué hiciste después? Te agachaste. Tus pechos casi rozan mi cara, pero sólo casi, no me diste tiempo a probarlos. Me besaste en un tiempo corto pero intenso, porque enseguida descendiste. Marcaste con tu fluido un camino por el que después paseó tu lengua.”

Venus, AnaB. DzSz.


Abr 28 2007

Fragmento I

De vez en cuando iré poniendo cosas de esas que anoto en mi cuaderno. O en una servilleta, un ticket, un talón… cualquier cosa que encuentre cerca. Siempre hay un sitio donde se puede escribir, pero no siempre hay con qué.


− Tienes una ventaja sobre él. A ti te conozco en persona.
− Ventajas y desventajas a veces son lo mismo.
− No me filosofes…

− Llámalo como quieras: filosofía, convencimiento o creencia. Pero la imaginación puede llegar muy lejos cuando falta la apreciación de alguno de los sentidos. En este caso: la vista… y el tacto. Es cierto que no le tienes cerca, y a mí sí, pero eso mismo hace que esas faltas sean complementadas por lo que imaginas y no por lo que es. Según como hablas de él, es fácil que acabes idolatrándolo. Y, ¡joder!, se me olvidaba, también falta el olfato.

AnaB.DzSz.